Manifiesto

Nosotros somos todos y no somos ninguno.

Somos los que cambian «esto es así porque siempre ha sido así» por un «¿por qué no?». Los atrevidos, los que se cuestionan todo, los que inventan, los que crean. Los que no piden permiso.

Porque no somos los que se sirven de la lengua: somos los que trabajamos para hacerla mejor. Los Wordkers.

Enfrente están los otros. No hace falta nombrarlos —no se lo merecen, y además cada uno tiene los suyos, pero todos sabemos quiénes son—: los de siempre, los que se lo saben todo, los que no te dejan ni preguntar.

¿Y tú? ¿De cuáles eres?

Da igual lo que respondas, porque no estás aquí por nosotros ni por ellos: estás aquí porque tú quieres estar aquí. No sigues a nadie: eliges tu propio camino. Empieza a caminar, y descubrirás el tremendo poder del primer paso.

Porque la lengua es de todos, y su estudio también. Y si la lengua crece, crece nuestra libertad, crece nuestro poder como humanos, crece el mundo. Es la mejor herramienta que ha creado nuestra mente: dóblala, córtala, pégala a tu manera, y entre todos la haremos cada vez mejor.

¿Por qué no admitir que necesitamos palabras nuevas? ¿Por qué no acogerlas, integrarlas, darles su espacio —en vez de marcarlas y expulsarlas hasta que acaben rompiendo la armonía de la lengua? Con esta actitud descubrirás que 999 cosas son como son porque les corresponde… pero encontrarás la que nos limita, la que nos encarcela, la que nos hace sufrir. Y ese será el siguiente muro que derribar para liberarnos.

Caeremos mil veces y nos levantaremos mil y una, cada vez más fuertes, más convencidos, más libres. Con mil caras, con mil acentos.

Camina, decide, crea, participa, aporta, sonríe, y haz que el mundo sea cada día un lugar un poco mejor.

Y disfruta cuanto quieras del camino, juntos. Cuando decidas que tu camino es otro, nos despediremos con un fuerte abrazo, deseándonos suerte.

Porque cuando estás en lo cierto,
¿qué importa cuántos te acompañen?
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